Terminar de escribir una novela: la palabra “fin”

El que se haya metido en esta locura lo sabrá. Escribir es un proceso largo y solitario.  Es una lucha titánica contra la hoja en blanco.

El procesador de texto en blanco si me lees más allá de 1985 y/o prefieres que la tecnología sea tu aliada y no una enemiga del romanticismo de lo analógico.

Lógicamente, cuanto más largo y ambicioso sea el proyecto, más tiempo tendrás que invertir en él. Sacar tiempo de donde no lo hay es lo complicado. Sobre todo si pagas el alquiler con un sueldo que nada tiene que ver con la Literatura y que te deja poco espacio para desplegar tu creatividad. Porque trabajar en una oficina está muy bien, pero todos solemos tener un jefe al que no le gusta que dejemos de lado los informes de ventas para crear un mundo donde tus sueños se convierten en palabras.

Han sido cuatro años desde que empecé a escribir esta novela. En cuatro años da tiempo a muchas cosas. A mí me ha dado tiempo de enamorarme y casarme, así que, imagínate. Fue en febrero de 2014, apenas tres meses después de que saliera a la venta mi primera novela cuando decidí empezar este proyecto.

La novela, no la boda.

No podía ni imaginarme que me llevaría cuatro años de mi vida. Tampoco me esperaba que se extendiera tanto que incluso me plantee editarla en dos volúmenes. El caso es que era una historia que hacía mucho tiempo que quería contar. Los personajes estaban en mi cabeza mucho antes de que escribiera La confabulación de Eros y ahora están vivos en un manuscrito.

Hoy he puesto la palabra fin. Figurativamente hablando. Lo cual no es más que el principio de otro largo proceso de corrección. Corregir un manuscrito de casi ochocientas páginas no va a ser fácil ni rápido. Eso sí, ayuda tener libros como 70 trucos para sacarle brillo a tu novela, de Gabriella Campbell, que es una absoluta maravilla. Tampoco va a ser un camino de rosas la decisión sobre autoeditar o mendigar por las editoriales buscando un poco de cariño en forma de contrato. Será un proceso en el que, seguramente, se me irá la vida, pero no la ilusión.

Porque me hace mucha ilusión contarte esta historia y espero que te guste, te emocione y recorras el mismo camino lleno de incertidumbre y amor que han recorrido mis personajes.

Continuará…

 

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