Apocalipsis zombie

Apocalipsis zombie: supervivencia básica

Si hay un género que ha cambiado en los últimos años es, sin duda, el  terror.  Aunque vivimos en una época de eterno revival, lo cierto es que algunos elementos del terror clásico se están reciclando con más o menos acierto

¿Te acuerdas de Nosferatu o del Conde Drácula clásico? Pues los vampiros ya no son seres aterradores que se alimentan de la sangre de sus víctimas. Lejos del estereotipo del noble del este de Europa de dudoso atractivo, los vampiros actuales pueden ser modelos de la revista Men´s Health más preocupados por el sexo que por chupar sangre o niños pijos pseudo emos que estudian en el instituto y se enamoran de jovencitas a las que les sacan más de doscientos años.
Lo que viene a ser el típico viejo verde de toda la vida…
Sagas como Crepúsculo o Sookie Stackhouse (la serie de libros que inspiraron la popular serie de televisiónTrue Blood) han ayudado a que elementos típicos del terror se usen para otro tipo de géneros. Sin embargo, si hay un subgénero que se ha mantenido inmutable ( dejando aparte  notables excepciones como Warm bodies o In the flesh), es el de los zombies.

Como afortunadamente es muy difícil humanizar ( y ya no digamos dotar de romanticismo) a un cadáver que pretende alimentarse de tu carne, los zombies continúan manteniendo ese status quo dentro del género que les coloca como uno de los tópicos más aterradores.


Parte del encanto que tiene el género zombie se basa en lo factible que resulta que algo así pueda llegar a pasar. En muchas ocasiones, el género se desentiende de cualquier elemento paranormal que lo desencadene y busca orígenes más científicos.  Un virus, una droga, el aceite de palma…

¿Alguien recuerda aquella noticia sobre la droga zombie que hizo que más de uno temiese que la Corporación Umbrella  fuera tan real como Mercadona?

El miedo hacia una fantasía factible cobra mayor relevancia en nuestra mente cuando nuestros miedos pueden saltar de las páginas de un libro ( o de la pantalla de cine ) a nuestra vida cotidiana. Por eso, no está de más que hagamos un repaso sobre todo lo que sabemos acerca de los muertos vivientes para que el apocalipsis zombie no nos coja desprevenido. Son consejos muy básicos.

Identifica la amenaza

Según la sagrada Wikipedia:

“Un zombie es la representación de un cadáver que de una u otra manera puede resucitar o volver a la vida”.

Hay algo común en todas las historias sobre muertos vivientes  que, personalmente, me pone de los nervios. Pongámonos en situación. Aparece por primera vez un zombie en escena y el personaje de turno suelta algo parecido a esto:

¡Oh, dios mío! ¿Qué es esa cosa?

Vamos a ponernos serios. ¿De verdad ves a un cadáver en descomposición acercándose a ti y todavía tienes que hacer un esfuerzo para darte cuenta de lo que tienes delante?

zombie boy
Perdona, ¿tienes un cigarro?

La primera ley para la supervivencia en un estallido zombie es simple: reconoce a tu enemigo rápidamente.

El punto débil

Los muertos vivientes tienen punto débil bastante obvio. Si decides enfrentarte a uno y te quedan pocas balas, es aconsejable economizar recursos. Disparar a las axilas no va a servir de mucho, a menos que quieras que  sus órganos internos huelan a Rexona cuando se eche desodorante.

Dispara directo a la cabeza.

(Nota mental: averiguar si los zombies son una cota de mercado intersante si me decido a sacar una gama de desodorantes en pleno apocalipsis).

Corre. Mucho. Ya.

 

Vamos a dejar una cosa clara: los zombies no se destacan por ser las criaturas más lúcidas del mundo. Solo te atacarán si te ven, te escuchan o te huelen. Su única motivación es alimentarse. El resto del tiempo apenas son conscientes de su propia existencia.

Excepto en historias como Guerra mundial Z o 28 días después, suelen mostrarse como seres muy lentos y torpes.  El único peligro es verse rodeado por varios de ellos, pero repito: son lentos y tontos.

Mucho.

¿No sería humillante morir devorado por seres apenas un poco más inteligentes que un tertuliano de programa del corazón?

Pues corre.

La mordidita

 

Cuando un zombie te muerde o te araña, estás jodido.  Primero, pasas por una intensa agonía, tras la cual simplemente mueres. Tiempo después, vuelves a levantarte, pero ya no tienes personalidad propia y solo te mueves por la vida intentando saciar tu eterno ansia de comer.

Y no, no se trata de la típica resaca del domingo por la mañana. Simplemente te has convertido en un muerto viviente.

No dejes que te muerdan. Es muy obvio como consejo, pero es fácil olvidar que el enemigo puede estar justo a tu lado.  No te fíes de frases como estas:

Es solo un rasguño, estoy bien.

Tengo mala cara, pero solo es por cansancio.

Normalmente, suelen ir acompañadas del sonido de tus vísceras siendo masticadas.

Creo que con estas normas básicas estás preparado para sobrevivir en un posible estallido zombie. En cursos más avanzados, explicaré cómo orientarte en El Corte Inglés sin necesidad de dividirse en varias batidas de búsqueda.

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